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Patrimonio Conservado

Imagen Orante de Antonio de Urrutia y Salazar

urrutia

 

Imagen Orante de Antonio de Urrutia

 

 

 

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Autor: Desconocido

Cronología: Hacia 1673

Procedencia: Ermita de San Antonio y de la Asunción de La Mella, Zalla

Descripción y Contexto Histórico: Se trata de la imagen orante de Antonio de Urrutia y Salazar (1625-1692); hijo de Juan de Urrutia y Abellaneda y Catalina de Salazar, distinguido miembro de la familia de los Urrutia, uno de los linajes más destacados de Las Encartaciones.  

Procedente de Gordexola, el linaje de los Urrutia se asentó en Abellaneda (Sopuerta) para extenderse posteriormente a otros lugares, entre ellos a La Mella (La Herrera-Ijalde. Zalla) , donde llegaron a mediados del siglo XVI. Este era un lugar estratégico situado junto a la calzada que, desde Castilla, pasaba por Balmaseda y llegaba a Bilbao. Allí, previamente, se había asentado el linaje de los Terreros (su casa torre aún se mantiene en pie). 

El linaje de La Mella alcanzó su cénit a lo largo del siglo XVII con Juan y Antonio de Urrutia. Se construyó una gran ferrería (cuyo espacio hoy ocupa una hidroeléctrica aprovechando restos de la ferrería), un palacio y la ermita, estos últimos encargos de Antonio.

El siglo XVII es una época convulsa para el conjunto del reino. La monarquía española es la principal potencia de la época y está inmersa en numerosas guerras, entre ellas las de Flandes. Pero el fin de las mismas en 1648 -con la pérdida de las colonias de Flandes- traerá una profunda crisis que, en el caso de Las Encartaciones, llevará al cierre de numerosas ferrerías y a la ruina de diversos lugares. La recuperación comenzará más de 20 años después (las primeras ferrerías se reforman hacia 1680) y es aquí donde debemos encajar la construcción del palacio y la ermita. 

Para ello, se seguirán los principios de las nuevas modas, el barroco, algo habitual en las reconstrucciones de caseríos, palacios, iglesia y ermitas que se llevarán a cabo por toda Bizkaia desde este momento hasta finales del siglo XVIII. Aun así, como ocurre habitualmente, perduraron aspectos de las modas anteriores, de ahí que la bóveda de la ermita se hiciese con tracería gótica -cuyo uso había pervivido incluso durante el periodo renacentista-. Lo mismo ocurrió con las ropas de Antonio de Urrutia que quedó representado con la moda de los Austrias menores y no las propias del barroco.

Para asentar el papel preponderante de su linaje en el entorno (los Urrutia fueron alcaldes de Zalla, tenientes generales de Las Encartaciones…), Antonio de Urrutia (que recibió el hábito de la Orden de Caballero de Santiago en 1667) decidió construir un gran palacio y una ermita-oratorio en la que decidió enterrarse. Para ello, dentro de la ermita mandó tallar un gran arcosolio ( un hueco profundo rematado en arco que suele albergar un sepulcro abierto en la pared) en uno de los muros. Este se lograba rebajando el grosor del muro y decorando el espacio con pilastras y frontón triangular. El arcosolio debía acoger un sepulcro en el que se enterraría Antonio de Urrutia. Encima se colocaría la gran escultura orante de Antonio de Urrutia (delante, en el lateral del arco se talló una cruz). Todo el conjunto se terminaría hacia 1673 pero Antonio de Urrutia nunca llegaría a enterrarse en el sepulcro que se convirtió, de esta manera, en lo que se denomina cenotafio (un sepulcro sin restos).

La ermita se mantuvo en buen estado aunque sin uso hasta principios del siglo XX. En 1997 la escultura se trasladó al Museo de Las Encartaciones y se dejó en depósito allí hasta ser adquirida por Juntas Generales de Bizkaia en 2010. La ermita empezó a caer en ruinas (el palacio ya lo estaba) desde entonces. Desapareció el retablo y se agrietó la bóveda y el tejado. Actualmente ha sido adquirida por el ayuntamiento de Zalla que está procediendo a su consolidación. 

Tema iconográfico: La escultura, labrada en piedra arenisca blanca, representa a un caballero en actitud orante, genuflexo, con las manos juntas y la mirada fija en el crucifico. La imagen representa a  Antonio de Urrutia que, a tamaño un poco mayor que el natural, está arrodillado sobre dos cojines y reza en actitud recogida. 

Está caracterizado como caballero de la época de los Austrias menores, tanto por la indumentaria como por la representación de la cabeza y, especialmente, el rostro: ovalado, con ojos sin trepanar, afeitado, con bigote de puntas hacia arriba y “mosca” debajo del labio (conjunto de pelos entre el labio inferior y la barbilla), rodeado por una generosa melena de crenchas onduladas partida en dos por raya, que se derrama sobre la espalda y hombros.

Viste un riquísimo tabardo de plegados, como de tejido consistente, lleno de abotonaduras. Las mangas presentan aberturas alargadas por donde asoma una camisa de plegados minuciosos que se atan en puños abundantes y de prolijos pliegues y bordados de encaje. Acompañado todo esto de una espectacular banda para espada, decorada por dos registros de roleos vegetales que fingen bordados.

El calzón tiene menos protagonismo. Es corto, de abotonaduras enriquecidas por lazos, elementos complementarios que ayudan a abarrocar el conjunto. Calza botas de cazar, que imitan correctamente el cuero tanto en la caña, de pliegues apergaminados, como en los tacones.

Los cojines sobre los que se arrodilla son dos, uno mucho más grande que el otro, y ambos enriquecidos con borlones bordados, siguiendo la moda. El reclinatorio ( mueble para orar) está vestido con tapete que cae en dos pliegues tubulares cónicos en los ángulos. Tanto en los lados como al frente hay dos amplios pliegues más en V, una bordura imitando el encaje recorre el borde del mantel. Sobre el reclinatorio se situa un sombrero de ala ancha, con cinta de plumas y plumajes espectaculares, seis piezas que rodean las tres cuartas partes del perímetro del ala del sombrero.

El cenotafio de  Antonio de Urrutia, aunque no representa un caso extraño, si es una rareza en el panorama de la comarca. Y como no pretende ser un monumento para acoger el cuerpo, sino un homenaje a la memoria del difunto, tampoco la caracterización quiere ser un retrato.

Es decir, no trata de ser un reflejo fiel sino una idealización de su persona, que de ninguna manera representa la edad que tenía a la hora de realizarse la escultura, unos 48 años. El caballero esculpido en la ermita de La Mella representa a un varón de treinta y cinco a cuarenta años, que no está caracterizado más que a grandes rasgos, sin profundidad en las facciones pulidas, dulces, tersas y frías. Por el contrario, la vestimenta está trabajada con mimo y cuidado, respetando el modelo de traje y sus complementos. Es más, teniendo en cuenta a la distancia a la que se instala el monumento, y que hay partes que ni tan siquiera son visibles, la vestimenta está trabajada con infinito cuidado, delicadeza y minuciosidad.

Dimensiones: 148 x 148 x 78 cm

Técnica: Piedra arenisca tallada

Materiales y soporte: Piedra arenisca blanca

Proceso de creación: El arcosolio del cenotafio de  Antonio de Urrutia fue construido al mismo tiempo que el resto del edificio, en 1673, y no como un añadido posterior. Además, quien labrara el monumento, es el mismo maestro que tallará  el escudo y la imagen de la Ascensión de la fachada de la ermita.

El desconocido tallista en piedra, posiblemente no sería un especialista puro al ser capaz de llevar a cabo tres encargos muy diferentes para el mismo edificio. Probablemente sería procedencia regional.

La escultura está tallada en un único bloque de arenisca, y tuvo en su momento labrada en hierro la vaina de la espada. Probablemente, el escultor o especialista tendría varios modelos de base a la hora de trabajar sus obras. Los rostros de los diferentes elementos trabajados tienen un aspecto en común: todos tienen un parecido evidente, rostros idealizados, suaves, ovalados, tersos y con iguales labios, además de los ojos fríos sin trepanar. Otros aspecto son las cabelleras que, talladas a crenchas largas, onduladas y giradas en un tirabuzón al final, coinciden en la misma técnica de labrado.

Estado de conservación: La escultura se conserva en perfecto estado, sin grandes pérdidas.

 

 

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